Crónicas e hitos

San José de Minas

San José de Minas, la historia de lo que somos

Cronistas

de la parroquia

Carmita Almeida, Enrique Gómez, Edison Valencia, Germán Román, Jaime Romero, Jorge Arias, Joselo Naranjo, Juan Saavedra, Justino Flores, Manuel Sosa, Rosa Ibarra, Rosa Sosa.

Conoce un poco de su crónica

La historia de San José de Minas viene desde hace siglos, e inclusive milenios. Empezando por los Quitu Caras y su presencia con las tolas funerarias, atravesaremos este territorio de la mano de la historia narrada por sus propios habitantes.

A lo largo del siglo XX, las condiciones marcadas por el Estado Ecuatoriano definieron a esta parroquia como el centro del contrabando de aguardiente, que estuvo activo por ochenta años hasta el año 1992. Pero de la mano de la ilegalidad, también se encontró la posibilidad de mejorar la calidad de vida de quienes lo practicaban y, a su vez, de toda la parroquia. El contrabando construyó este territorio mientras transportaban licor. Atravesaban el azar de no saber si regresarían con vida después de tales condiciones extremas.

Vemos, en medio de estas voces narrativas, la fuerza y lucha de una población para hacer frente a toda adversidad con tal de dar una mejor oportunidad de vida a quienes les seguían, a sus hijos, nietos, parientes. San José de Minas se construye gracias al trabajo, fuerza e intrepidez de sus habitantes.

Introducción a sus hitos

Partiendo de los insumos y testimonios generados por los cronistas locales, las consultas a fuentes secundarias y la utilización de un marco conceptual apropiado para el análisis del hecho social identificado como hito en esta parroquia; el presente ensayo aspira reconocer el compromiso, el trabajo, la inversión de tiempo y dinero que los pobladores de Chavezpamba pusieron en la construcción de la Iglesia Mayor de la Parroquia; además, se espera evidenciar cómo la construcción de identidad está vinculada al proceso de significación simbólica de elementos -en este caso la iglesia- que, partiendo de deseos y acuerdos colectivos, se convierten en hitos o emblemas de una comunidad.

Si bien la minga y los productos conseguidos a través de ella constituyen un patrimonio que debe ser preservado y visibilizado, se debe tener presente que es una forma de aprovechar la mano de obra voluntaria y no pagada, sin la cual mucha de la infraestructura de las poblaciones rurales no se hubiera construido.

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