Crónicas e hitos

Tambillo

Tambillo: Paisaje urbano de nuestra identidad

Cronistas

de la parroquia

Hernán Tituaña, María Belén Martínez, Mauricio Quillupangui, Ana Quillupangui, Anthony Haro, Adriana Aguilar.

Conoce un poco de su crónica

El interés particular por redactar esta crónica surge de la necesidad por encontrar la evolución urbana y colectiva que ha transcurrido en el lugar que me vio crecer: Tambillo. Este pequeño pueblo, ubicado en el lado sur de las afueras de la capital del Ecuador, guarda consigo una historia más antigua que la de la república misma. A través del tiempo, ha venido transformándose de a poco, junto con su gente, en un lugar cada vez más contemporáneo, lo que lo convierte hoy en día en una parroquia con todas la comodidades de las urbes. Sin embargo, no por ello ha abandonado su historia cargada de leyendas, costumbres, personajes y edificaciones que le ha dado una identidad única a sus habitantes.

Tambillo, según relatan sus moradores más antiguos, ha sido desde siempre un lugar de paso y estadía. De allí el origen de su nombre, que parte del vocablo kichwa tambo: lugar de descanso. Lo curioso de este lugar es que se han ido encontrando a sus alrededores las rutas que recorrían los chaquiñanes o mensajeros incas. Es desde ahí que Tambillo se constituyó como parte del trayecto que atravesarían los viajeros para llegar a la ciudad de Quito.

Introducción a sus hitos

En Tambillo, la memoria y el arraigo simbólico se tejen junto al tapiz andino de su paisaje, sus personajes y sus caminos. Como nos lo revela Hernán Tituaña, comunicador social comunitario y participante de nuestro taller de Cronistas, en los años 50’s, 60’s y 70’s, en Tambillo los niños y niñas eran parte del paisaje cotidiano. Gracias al aire puro y a un ambiente que aún no sufría los embates actuales de la contaminación ambiental ni cibernética, la muchachada crecía gozando de juegos como las escondidas, chullitas y bandidos, el primo, la rayuela, los billuzos, los coches de madera y otros más.

El idioma y la capacidad simbólica —conjunción que permite el crecimiento humano y el tapiz de la cultura— se arraigaban sutilmente en las conversaciones de los niños. Ahí ellos transformaban el poyo de la vereda en el ágora en donde circulaban cachos, cuentos, leyendas, refranes, trabalenguas y todo aquello que para ellos era importante.

En estas memorias surgían los personajes y lugares cubiertos del manto mágico que transforma el relato en enseñanza, en alimento del alma que se humaniza, en memoria vibrante. Hernán comenta del chagra Can-Can; del viejito de las cosechas o el Manuel Blanco; de las Puertas Encantadas del Pasochoa, que daban el ingreso al tesoro escondido; de la Piedra Encantada de Jaluana o también llamada Yumba.

Scroll al inicio