Crónicas e hitos
Amaguaña
Cronistas
de la parroquia
Conoce un poco de su crónica
Este antiguo enclave histórico ya tenía enorme importancia comercial y productiva antes de la llegada de los incas. A esta zona trajeron mitimaes y guerreros para consolidar su sistema de producción complementaria que, necesariamente, tuvo reveses dada la fortaleza de la resistencia local.
Su clima y la producción del maíz de grano amarillo y grande, conocido como chillo, la convirtieron en una zona estratégica: Anan Chillo. La conquista hispana se asentó en este antiguo sistema de gestión poblacional y sobrepuso la fe y su organización política a los antiguos pueblos de indios que fueron concentrados en doctrinas y encomiendas.
La independencia poco cambió, salvo las manos de quienes llevaban el látigo. En el siglo XX, las haciendas se parcelaron dando paso a barrios y comunas, pero asentadas en un fértil sustrato festivo que se nutre de tradiciones, cosmovisiones y memorias centenarias.
Introducción a sus hitos
Hoy en día, Amaguaña vive un acelerado proceso de integración a dinámicas urbanas, sus parroquianos reconocen el valor simbólico de su fuente ancestral ya que la relacionan con el origen mismo de su nombre: Ama y Huañuy que significa “no morirás”.
Esta fuente conocida como Cachaco, Curipogllo o Curipogyo, ha sido recientemente intervenida e integrada a un corredor ambiental que busca, además de ponerla en valor, rescatar espacios para la conservación de la flora y fauna de la zona. Antiguamente, habitantes de toda la parroquia y de toda condición acudían a la fuente a bañarse o en busca de sanación: “El agua salía para todos, desde el patrón, hasta el peón se bañaban en el Curipogllo”.
Hoy en día, muchos parroquianos visitan el Cachaco para distraerse y encontrar un momento de paz. También es común ver bautizos de iglesias evangélicas del sector que sumergen a sus fieles en sus prodigiosas aguas.