Crónicas e hitos

Alangasí

Cobijada por la belleza del Volcán Ilaló

Cronistas

de la parroquia

Orfelina Andrango, Iván Atahualpa, José Atahualpa, Jaime Paucar, Juan Carlos Morocho, Jenny Chuquimarca, Tomás Cuichán, María Angélica Erazo, Vicente Ibarra, Luis Alquinga, Cecilia Vallejo.

Conoce un poco de su crónica

Tal como sucedió con otras poblaciones del Valle, el territorio alangaseño se parceló dando paso a una geografía determinada por la gestión poblacional a través de tributos y trabajo forzado. Esta primaria división territorial fue dando paso, a caballo entre la Independencia y la República, a una geografía determinada por las relaciones de poder y subsistencia entre cambios de dueños de haciendas y fundos.

Muchos de los antiguos sirvientes de las haciendas tuvieron que replegarse hacia territorios más altos para configurar barrios y comunas que los alejen de las disputas por las tierras de los centros poblados del Valle. El desarrollo de la ciudad, desde mediados del siglo XX, complicó aún más la situación de los pobladores de las zonas rurales cercanas; la especulación por la tierra y la búsqueda de terrenos para el veraneo generaron una geografía disputada también por capitales inmobiliarios.

Sin embargo, y a pesar de todas las dificultades, la población alangaseña aún se regocija entre sus fiestas y celebraciones. Aún a pesar de la cercanía a Quito, Alangasí es aún un reducto de paz a los pies del Ilaló.

Introducción a sus hitos

La historia de Alangasí se edifica entre los flancos del coloso, sus quebradas y sus fuentes de agua termal. Rodeándolo y asentadas en sus laderas, las comunas de Tumbaco y los Chillos dependen de los frutos de la tierra y de los visitantes que atrae la sangre freática que se deposita en calurosas piscinas. En cada una de sus cumbres, los lugareños han edificado sendas cruces que sellan el pacto entre los poblados y el volcán.

Sobre la enorme cruz que corona el flanco occidental del volcán también se han tejido múltiples relatos que, en ocasiones se contradicen o se asientan en asideros imposibles. Sin embargo, más allá de la condición de veracidad, lo que importa es el sentido protector que los moradores de las faldas del volcán asignan al símbolo. Hay que recordar que, para los habitantes del sector, Juan Matías Ilaló está vivo y, tal como hizo con sus padres, los cobija y protege.

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