Crónicas e hitos

Pifo

Cuna del agua y del comercio

Cronistas

de la parroquia

Jonathan Cuspa, Jaime Crow, David Chávez, Alison Chugchilán, Andrea Guachamín, Silvia Larrea, Laura Pailacho, Jhon Simbaña, Luz Tandayamo, Boris Vallejo.

Conoce un poco de su crónica

Pifo, junto con Yaruquí o El Quinche, uno de los principales Pifo señoríos étnicos de la región. Tal como sucedió con otros poblados de la zona, fue parcelado en grandes haciendas y fundos que determinaron los modos de reproducción de la vida en el poblado. Pifo compartió cura y gestión política con Puembo hasta 1869, año en que se separaron políticamente de aquella parroquia.

Algunas de las viejas haciendas, como Sigsigpamba, se convirtieron en territorios comunales, pero se han ido parcelando debido a la presión inmobiliaria. Actualmente, sólo sobrevive la Comuna de Palugo.

La vocación comercial del pueblo es palpable en sus calles: Pifo tiene uno de los centros más dinámicos del nororiente quiteño. Los parroquianos han sido testigos del crecimiento comercial y urbano de su parroquia que, hoy por hoy, padece de problemas propios de la ciudad como el tráfico, la carestía de los suelos y la inseguridad.

Introducción a sus hitos

La determinación del hito en la parroquia de Pifo fue producto Pifo de interesantes debates. En principio, los habitantes habían sugerido lugares como la iglesia central o tradiciones como el carnaval, pero, al final, la gente recordó algo de Pifo: es una tierra de agua. Esta extensa parroquia históricamente ha estado relacionada con el comercio con el Oriente y con la presencia de ríos, humedales y pogyos. En principio, nombrar a un elemento natural como hito parroquial nos pareció extraño, pero, al mismo tiempo, profundamente simbólico. La parroquia ha vivido, en años recientes, la instalación de grandes proyectos urbanos que han afectado sus ecosistemas.

La presencia del relleno sanitario del Inga, por ejemplo, ha contaminado fuentes y quebradas que otrora eran tenidas como reservorios de vida silvestre y de agua. Los pifeños, avizorando el imparable crecimiento de la urbe, se saben custodios de un bien más valioso que el oro o los productos que eran comerciados a través de sus caminos.

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